UNO MENOS
-Alicia Yánez Cossío María Dolores tenía como doscientos años, se sentía bien, vivía contenta y saludable y no quería morirse. Todas las mañanas, apenas abría los ojos tomaba sus pastillas contra la vejez. Guardaba en su mesa varios frascos de pastillas, gracias a la treta de ser la cliente de algunos geriatras, quienes, atraídos por su innata simpatía y por la gracia con que relataba los acontecimientos de los tiempos viejos, le suministraban la medicina pasando por alto la prohibición de proporcionar las pastillas a las personas que hubieren llegado a cierta edad. Cada uno de los médicos pensaba en sus adentros que una vieja más en el mundo no era un delito, no importaba mucho, pero le recomendaban cautela: no debía salir a la calle, debía mantenerse alejada de todos, y ser muy discreta para no llamar la atención. Pocos viejos en el mundo tenían la suerte y la cantidad de pastillas que María Dolores. La superpoblación en las ciudades era increíble, nadie quería morirse; los cent...